Nuestros jóvenes y el “celu”: ¿Cómo afecta la mente de los adolescentes la era del scroll infinito?
Nuestros jóvenes y el “celu”: ¿Cómo afecta la mente de los adolescentes la era del scroll infinito?
El Lic. Raúl Manuel Nieto, psicólogo, nos presenta el concepto de la “atención puntillista". (Autor del ensayo “El Paciente Puntillista Reconstruyendo la Identidad en el Mundo Imaginario Digital” ) (1) En una charla imperdible, nos explica de qué manera el smartphone fragmenta la identidad de los jóvenes y cómo los padres pueden convertirse en una presencia lineal dentro del hogar.
En una época donde las pantallas parecen haber secuestrado la atención de los más jóvenes, los padres paraguayos se enfrentan a un desafío inédito. Para entender qué está pasando realmente en la mente de un adolescente que pasa horas frente al celular, conversamos con Raúl Nieto. El autor introduce un término clínico tan poético como alarmante: la “atención puntillista". Con un lenguaje directo y cotidiano, nos invita a reflexionar sobre la necesidad de apagar el ruido digital para reconstruir los vínculos reales.
—Licenciado Raúl, para empezar con algo sencillo, ¿qué significa que nuestros hijos tengan una "atención puntillista"?
Antes de la aparición de los smartphones (2014) la mayoría teníamos una atención lineal, la cultura del libro, las películas de cine, las telenovelas. Relatos de más de 15 minutos donde todo tiene un comienzo, un desarrollo y un desenlace. Un antes, durate y después. El relato de la vida con secuencias.
El término “puntillismo” viene del arte. Pintores que compone un paisaje con puntos de diferentes colores, que si vemos muy cerca no sabemos que es, pero al alejarnos y ver en perspectiva, el cerebro ordena una imagen lógica y comprensible.
— Como relacionas arte y mundo virtual?
— Apliquemos esto al mundo digital, 6 am apagas la alarma del celu, y das una mirada a las redes sociales, no te detienes mucho, haces “Scroll” saltas de una cosa en otra, contestas cosas de WhatsApp, reclamos, noticias, sientes cosas, miras estados, sientes cosas, pasas las pantallas de Instagram: te ríes, te conmueves, te horrorizas, sientes cosas, sientes erotismo, lees titulares y ves videítos de TikTok, rescate del terremoto, la guerra, algo humorístico, receta de cocina, el futbol…, en muy poco tiempo tu atención, tus pensamientos y sentimientos fueron puntos variados sin conexión. Ahí te vas y te lavas la cara. Ves, se parece a un cuadro hecho puramente con puntos diminutos y aislados. Eso es la atención puntillista.
— El cerebro no puede procesar esos datos?
— El cerebro de un adolescente hoy no procesa la realidad como un flujo continuo o una novela con capítulos y lógica lineal. Al estar expuesto al scroll infinito, su mente salta de un video de humor a una tragedia y luego a una publicidad en cuestión de segundos. Es una sucesión veloz de estímulos inconexos. Pasaron de ser "buceadores" del conocimiento a simples "mirones" que escanean la superficie de una pantalla sin profundizar en nada.
—Muchos padres notan que a los chicos les cuesta recordar cosas o mantener proyectos. ¿El celular les está dañando la memoria?
—Totalmente, el scroll constante satura y colapsa la memoria de trabajo. El cerebro se llena y se vacía tan rápido con datos atómicos que la información se evapora antes de pasar a la memoria a largo plazo. Pero lo más grave es que esto fragmenta su propia identidad. Su biografía ya no tiene una historia continua; se convierte en una "manta de retazos" de recuerdos sueltos o highlights estéticos. Es lo que llamamos el "Yo-Mosaico" o una identidad-avatar, que depende exclusivamente de los likes o del logro virtual. Si el algoritmo los valida, se sienten ganadores; si no, caen en un vacío profundo.
—En su trabajo menciona el "chisporroteo emocional". ¿Cómo se manifiesta eso en el día a día de una casa?
—El "chisporroteo" es el ruido de un procesador mental que trabaja al 100% de su capacidad, pero sin ejecutar un programa que tenga sentido. Al procesar miles de puntos de información contradictoria por día, esa energía psíquica queda flotando. En el hogar, los padres lo ven como una ansiedad difusa, cortocircuitos emocionales, irritabilidad extrema y una profunda intolerancia al vacío o al aburrimiento. El cerebro se vuelve adicto a las descargas intermitentes de dopamina del teléfono y ya no tolera los ritmos pausados y lentos del mundo físico.
—Incluso advierte que esto afecta la manera en que se relacionan con los demás y su sexualidad...
—Sí, caemos en lo que se denomina "sexualidad algorítmica". El consumo masivo de contenidos rápidos en internet entrena al cerebro para buscar el estímulo inmediato. El problema es que el encuentro real con otra persona es inherentemente lento, requiere seducción, intimidad y conversación. Al no haber un rebobinar el casette, en la vida real, los chicos sufren un cortocircuito relacional: sienten apatía o evitan el vínculo físico porque les parece incómodo. Además, autores como Jonathan Haidt señalan que la falta de interacción presencial desactiva las neuronas espejo, que son los motores biológicos de la empatía. Sin contacto visual ni lenguaje corporal, el desarrollo social se bloquea.
—Ante este panorama, ¿qué podemos hacer los padres desde la Terapia de Aceptación y Compromiso (ACT)? ¿Hay que prohibir las pantallas?
—No se trata de imponer un ascetismo digital estricto, sino de entrenar la flexibilidad psicológica para recuperar el mando de la vida. Desde el modelo ACT, proponemos tres herramientas muy concretas para aplicar en la mesa familiar:
1. La metáfora del algoritmo: Hay que enseñarle al hijo que su mente a veces funciona como el algoritmo de TikTok. Le va a lanzar pensamientos dramáticos o impulsos de revisar el celular solo para retener su atención (engagement). El chico debe entender que él es el usuario, no el algoritmo, y que tiene el poder de decidir si se queda enganchado en esa "notificación mental" o si simplemente hace scroll y la deja pasar.
2. Entrenar la tolerancia al aburrimiento: Debemos propiciar micromomentos de silencio y desconexión en casa. Si el chico siente la urgencia de mirar la pantalla por aburrimiento o soledad, hay que ayudarlo a que identifique esa incomodidad en el cuerpo y aprenda a "surfear la ola" del impulso sin actuar en automático.
3. El "hilo dorado" de los valores: Los estímulos digitales cambian constantemente, pero los valores genuinos (como la lealtad, la amistad real, la familia) permanecen estables. Los valores son el hilo conductor que nos permite coser esos retazos sueltos de la vida de nuestros hijos para darles dirección, propósito y un suelo firme donde apoyarse.
—Para cerrar, ¿cuál es el mensaje final para las familias paraguayas?
—Que el hogar tiene que volver a ser un santuario analógico. Así como en la terapia el profesional actúa como un ancla lineal frente al estímulo fragmentado, en la vida cotidiana los padres deben cumplir ese rol. Sostener la mirada, cenar sin teléfonos sobre la mesa, imponer un ritmo pausado y ayudar a los chicos a unir los hilos de su propia historia. Solo así lograremos que el mundo físico vuelva a ser un lugar donde para ellos valga la pena vivir.
(1) Puedes pedir el ensayo en Pdf, gratis, a raulmanuelnieto@gmail.com
Lic Raúl Manuel Nieto
Psicólogo Reg, Prof. 6506




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